Cada esquí está formado por una tabla larga de madera (tallada en una sola pieza) con el extremo enterior curvado hacia arriba y con terminación en punta redondeada, y el extremo posterior levemente en punta y curvado. En el sector central de la tabla se encuentra fijada con remaches y clavos una plancha de cuero con dos tiras para el agarre de la punta del pie o bota y el talón. La stablas presentan a modo decorativo 4 líneas longitudinales a la misma talladas en bajorelieve y pintadas de negro.